La persona más significativa en mi vida
- 22 abr 2025
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La persona más importante en mi vida no es un amor de pareja ni una amistad.
Ella es: mi mejor amiga, consejera, lugar seguro. Aunque ahora está lejos por trabajo y no hablamos tanto como antes, cada vez que tenemos oportunidad, le digo algo que sé que le hace bien: "Te amo". No lo digo por costumbre, sino porque sin ella, yo no estaría donde estoy. Al igual que una leona: fiera, valiente y generosa. Cuando era niña me enseñó lo que es la resiliencia. Demostrándome que, aunque la vida golpee, siempre se puede volver a levantar. Hay algo en su manera de ver el mundo que hace que todo parezca posible, incluso en medio del caos. Tiene esa rara capacidad de ser firme sin dejar de ser dulce.
Hacía muchas travesuras cuando yo era menor. Pero en vez de enojarse, la gran señora solía reírse. Esas travesuras pasaron a convertirse en anécdotas que hoy compartimos entre risas. La que más recordamos ocurrió cuando tenía tres años. Iba a una guardería que se llamaba “Pie”. Mi mamá me ponía en la lonchera un pulpín de durazno todos los días, pero yo llegaba a casa y le decía muy seria: “Mami, mi profe se toma mi pul”. Intentaba explicarme que seguro la profesora solo me ayudaba a abrirlo, pero yo insistía. Un día, tuvo que llevarme al colegio. Justo cuando llegamos, la profesora se acercó con una sonrisa, y yo me paré firme frente a todos los padres y dije: “Mami, mi profe se toma mi pul”. La cara de ella fue de pura vergüenza. La profesora, también sorprendida, se apresuró a decir: “Señora, buenos días. Yo no me tomo el pul, solo se lo abro”. Hoy, esa escena nos hace reír muchísimo.
Mi progenitora no es solo risa y anécdotas. Es un ser que se entrega por completo a los demás. Siempre encuentra la manera de dar, incluso si eso significa quedarse sin algo para ella. Recuerdo muchas veces verla compartir lo poco que tenía con alguien más necesitado, sin dudarlo. Esa generosidad es su sello. Está su cocina. No solo cocina bien: cocina como si cada plato fuera un acto de amor. Su arroz con pollo tiene ese sabor que solo da el cariño. La he visto moverse entre ollas y cucharones con la precisión de una artista, y al final, cuando todo está servido, siempre sonríe, feliz de vernos comer. Puedo decir con sencillas palabras que mediante la comida expresa su amor.
En mi forma de hablar, de reírme, de abrazar. Me parezco mucho a ella: crespa, canelita, risueña y extrovertida. Pensamos parecido y nos reímos casi igual. A veces, cuando me miro al espejo, siento que estoy viendo un pedacito de ella. Mi mamá no es solo la persona más importante de mi vida. Es un ejemplo. Una inspiración. Una mujer que, con su manera de vivir, me ha enseñado lo que realmente importa. Le agradezco a Dios por darme una mamá como ella, y por tenerla conmigo. Espero que me acompañe por muchos años más. Ojalá hasta los 150. Salud por eso.






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