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Demetrio final Adriana

  • 22 abr 2025
  • 2 min de lectura

El cuarto de hora solar en que he escrito estas páginas me ha parecido infinitamente largo. Sin embargo, no puedo equivocarme, alguien sube las escaleras. Unos pasos se aproximan. Mi reloj marca las doce de la noche. Tocan la puerta. Demetrio ya está aquí…

Abro la puerta y cierto escalofrío me recorre por mi cuerpo. Me quedo anonado con la persona que tengo frente a mí y con temor retrocedo hacia atrás y tambaleo, no lo podía creer, tenía a Demetrio frente a mí, y con cierta familiaridad me da un abrazo cálido, de amigos. Sin embargo, no era el mismo Demetrio que yo conocía, este ser era distinto, tenía muchas arrugas en la cara, se veía decaído, estaba desnutrido, como si estuviera enfermo.

Después de dos largas hora de charla, entre risas, misterio y nostalgia, me enteré que al día siguiente se haría la eutanasia y que ese día lo había ansiado porque no quería irse de este mundo sin despedirse de mí.

Cuando se marchó sentí un destello de tranquilidad, porque ya me había respondido todas las interrogantes que tenía atoradas en la garganta, pero a la vez, aún no comprendía el por qué de su determinada decisión con la eutanasia; sin embargo, lo apoyé porque supuestamente él, esa era su última voluntad y deseaba que yo estuviera con él.

La mañana siguiente, fui a primera hora a la clínica donde le practicarían dicho accionar, tenía sentimientos encontrados, no quería que ese sea su final, muy pronto para ser real, me falta tiempo, sentía que me ahogaba, pero solo me quedaba apoyarlo y estar con él hasta el final, era una promesa que el día de ayer la hice. Minutos más tarde, llego Demetrio con una sonrisa que me resultaba familiar, aquella sonrisa que solía ver cuando éramos un cercanos, e incluso me atrevería a decir, casi casi hermanos. Apenas chocamos miradas, él se acercó a mí y me dio un abrazo, y sin darme cuenta, ya estaba derramando lágrimas.

Llegó la hora de despedirnos, llegó el final, nuestro final, me sentía vació, pero estaba dispuesto a apoyar la decisión de Demetrio y así fue. Sin más, nos dimos un último abrazo y lo vi alejarse lentamente y perderse entre los cuartos…


 
 
 

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