



Mi vida. Mi espacio.
Escrito por Adriana Andrea






MI HOY
Me presento por primera vez ante ustedes para compartir mi historia, una que no pretende ser perfecta, pero sí profundamente honesta. Esta no será la última vez que hable de mí, porque mi vida es un camino en constante movimiento, lleno de matices, recuerdos y personas que han dejado huella en mí. Hoy quiero invitarlos a recorrerlo conmigo.
A los 18 años descubrí un bulto en mi seno derecho. Fue un momento confuso y aterrador. Lo hablé con mi madre de inmediato, y sin perder tiempo, buscamos ayuda médica gracias a una tía que es enfermera. Lo que vino después fue una montaña rusa de emociones: exámenes, hospitales, esperas interminables, noches en vela buscando una cita médica y la esperanza tambaleante de que no fuera cáncer. En medio de esa oscuridad, también enfrentaba otra pérdida: la reciente muerte de mi padre, un dolor que aún no terminaba de asimilar.
Fue en ese contexto, un día cualquiera, que mi prima me convenció entre risas y bromas de instalar Tinder. Yo no tenía intenciones de conocer a nadie, mucho menos de iniciar una relación. Pero accedí. Así, casi por accidente, conocí a quien hoy es mi compañero de vida: Piero Alexander.
Al principio, no respondía a los mensajes de los chicos; no lograban captar mi atención. Pero Piero fue distinto. Dijo algo que encendió mi curiosidad y comenzamos a hablar. Todos los días. Me llamaba “gárgola” porque me quedaba despierta hasta muy tarde, y él hacía el esfuerzo de acompañarme, incluso después de un largo día de estudios y trabajo como taxista.
Después de muchas llamadas y videollamadas, finalmente nos conocimos en persona. Acordamos vernos a las 5 de la tarde, pero él llegó media hora tarde. Aun así, lo esperé. Era verano, llevé un jean blanco, blusa negra, camisa de mezclilla y unas zapatillas verde agua. Él llegó con gorra azul, polo blanco, jeans, zapatillas Reebok y una mochila negra. Recuerdo cada detalle de ese día. Al caer la noche, el frío me ganó, y él, sin dudar, me prestó su polera negra Converse. Me quedaba enorme, pero me sentí cuidada. Al llegar a casa, olvidé que la tenía puesta. Cuando mi mamá me preguntó por ella, caí en cuenta. Lo llamé para devolvérsela, pero ya iba camino a su casa. Me dijo que la guardara, que luego me la pediría… y así comenzó todo.
Las salidas se hicieron más frecuentes. Las conversaciones más profundas. Los juegos, los coqueteos, los silencios compartidos. Tres meses después, me invitó a salir, pero con una condición: que llevara a una amiga porque él también invitaría a su mejor amigo. Lo que no sabía era que me llevaría a la playa y, bajo las estrellas, me pediría estar juntos. Fue una noche mágica. Nerviosa y emocionada, sentí cómo los “elefantes” en mi estómago bailaban cada vez que me tomaba la mano o me besaba la frente.
Nuestra relación no ha sido perfecta. Ha tenido momentos muy felices y otros complicados, pero seguimos juntos. Estamos a punto de cumplir tres años y, en este tiempo, hemos crecido como personas y como pareja. Piero conoce mis defectos y aún así me ama, me lo dice y lo demuestra. Acepta mis noches de desvelo, mis ganas de hablar cuando todos duermen, mis altibajos emocionales. Él es mi refugio, mi calma, mi risa cuando más la necesito. Es quien corre a mí en segundos, quien me abraza sin pedir explicación y me dedica tiempo sin condiciones.
A veces lo llamo “Marcus”, en honor a ¿Y dónde están las rubias?, porque siempre se queda dormido en medio de nuestras charlas nocturnas. Pero más allá del apodo, lo que admiro de él es su fortaleza: trabaja todos los días, se esfuerza, carga con su estrés y aún así me da amor. Es un hombre sensible, pero con una coraza dura; un hombre fuerte, pero con el alma noble. Llora solo y le sonríe al mundo. Abraza sus heridas y ,protege su luz. Es incoherente y, a su vez, congruente. A veces una nube negra, pero otras, un atardecer armonioso y constante.
Uno de mis recuerdos favoritos es un viaje al norte del país con su familia. Montamos cuatrimotos y, aunque terminamos accidentados (sí, yo iba conduciendo y no vi un hueco), fue una experiencia inolvidable. Él salió más golpeado que yo, pero lo tomó con humor. Ese viaje me enseñó lo mucho que me valoran, lo acogedora que es su familia y lo afortunada que soy de tenerlo en mi vida.
Coincidir con Piero fue hermoso, pero más hermoso ha sido permanecer. Aprender a sostenernos en las tormentas, a seguir eligiéndonos, a hacer posible nuestro amor cada día. Aquí seguimos, de la mano, con más fuerza, más ganas y el corazón dispuesto.
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Soy una joven trigueña, crespa, de ojos oscuros y alma dulce. Me gusta pensar que el eclipse me regaló el tono de mi piel, el mar me dio sus olas para formar mi cabello, la noche se reflejó en mis ojos y la miel tocó mi espíritu. Nací bajo el signo de Acuario; aunque no soy experta en astrología, muchas veces siento que encajo con su descripción: rebelde, original y con una necesidad constante de cambio.


